“hace unos días cumplí veinte años por segunda vez; no hace los mismos días pensé en mi abuelo: estuvo y ya no está. La inmortalidad dura un momento y después te queda ese instante que no pertenece ni al pasado ni al futuro, el de las fotografías que no quisiste hacer, el que no puedes acotar con palabras, el que se escapa entre los dedos, como un pez entre las manos de un niño…
“Hoy no cocinaré, simplemente te echaré de menos”